-Cronicas de una Hidropesía Glaciar- by Clemente Javier Salvi

Crónicas de una hidropesía glaciar.
By Clemente Javier Salvi

En esta sección podrás disfrutar de artículos de opinión y crónicas de lo más variadas, a veces rigurosas y otras veces divertidas, pero siempre y ante todo, relacionadas y basadas en la serie de TV "Doctor en Alaska".

Con estos relatos, yo como autor, pretendo realizar críticas constructivas para un mundo codificado, comentar cualquier tipo de experiencia vivida, noticias de actualidad, realidades de una vida cotidiana, perspectivas de una sociedad globalizada, matices propios de la serie, bajo el curioso y particular punto de vista de un "ciceliano" en España, que como muchos otros, sufre los devastadores efectos de la enfermedad llamada "Hidropesía Glaciar", típica de los habitantes de Alaska. Dado que este mal del Norte se presenta bajo los síntomas de una  brusca alteración de la personalidad, fuertes fiebres y una distorsión de la misma realidad..., aquí podrás encontraras textos inspirados en la metafísica de Chris Stevens, los tintes revolucionarios y contrarrevolucionarios característicos de la piloto Maggie O'connell, la incredulidad y el escepticismo empírico del Dr. Joel Fleischman, la enorme experiencia del curioso tabernero Holling Vancoeur o el misticismo que envuelve la figura de los nativos americanos como Ed Chigliak o Marilyn Whirlwind...

Índice de artículos publicados:

Diciembre 2002 Nos vamos de caza
Enero 2003 Adiós a la tele


1 - Nos vamos de caza.

7:00 AM de una fría y oscura mañana de Noviembre. Camino, o por lo menos eso intento, torpe y adormecido por entre la espesa y contundente vegetación típica del Norte de España. El continuo roce al caminar, con las hojas cubiertas de gotas de agua puede ser peor que la más intensa de las lluvias monzónicas, lo más probable es acabar empapado y cubierto de barro hasta la cintura, pero bueno, que se le va a hacer. Sigo caminando y van pasando las horas. Un arma de caza puede resultar ligera la primera vez que la sostienes pero cuando llevas cierto tiempo caminando con ella, tiende a convertirse en un objeto muy pesado y molesto aunque para darse cuenta de estos no hace falta ni coger una, bueno, que se le va a hacer... sigo caminando. El tedio lo invade todo, es como si el monte estuviera completamente desolado, nada más lejos de realidad. De repente el apocalipsis llena el aire, alguna pobre ave ha cometido la imprudencia inevitable de ser sorprendida por unos perros que son de todo menos condescendientes con los seres alados. Se oyen disparos por todos sitios, gente corriendo de un lado a otro. Eh?, Eh!. Joder, que pasa aquí. ¿Se a abierto la veda del cazador despistado?. Entre la confusión acierto a disparar un par de disparos, más que nada para disimular, porque por lo que es por mí, esas pobres gallináceas van a seguir volando unos cuantos años más. Tras el alboroto, la situación vuelve a una manoseada tranquilidad con el resultado de dos o tres piezas aniquiladas y dos o tres felices cazadores orgullosos por haberlas abatido. Aunque, entre tú y yo, te confieso que la ecuación no es del todo equitativa para ambos lados. Digamos que la balanza no está muy equilibrada en este falsamente pretendido milenario desafío entre el hombre y la naturaleza. Que yo sepa, a los pájaros todavía no se les permite la obtención de una licencia de armas...

Una extraña pero conocida sensación de asqueo me ahoga la mente. ¿Qué hago yo aquí?. Maldita sea, todo estaba muy bien antes de que yo llegara. Varios comentarios arrogantes se dirigen hacia mi persona. Pienso: "...pero que me está contando este tío". Me limito a asentar con la cabeza aguantándome las nauseas que su relatar me producen. Hay que joderse... Mírame, si parezco el hijo bastardo de Rambo con estas ropas de camuflaje que casualmente no sirven para camuflar la la rabia que me produce el ser espectador de una cordial jornada de "maltrato y abuso de los animales".

A pesar de que este pequeño relato ha sido "suavizado" en gran medida, esta puede ser la típica escena de un día corriente de caza, pero lo triste es que suele ser bastante peor... peor para los animales, claro. Quien necesita esta mierda, yo no, eso desde luego.  

¿Nunca os habéis preguntado por qué Holling Vancoeur, tras largos años de intensas y emocionantes jornadas de caza, un día se planteó el no volver a matar un ser vivo. ¿Qué pudo motivar que este curtido canadiense, de Québec para ser más exactos, mostrara , repentinamente y de enérgica manera, su más sincera repulsa y desaprobación para con cualquier evento relacionado con la actividad cinegética?. ¿Qué se esconde tras esa fobia?. ¿Cual es el mensaje que nos pretende mostrar "Doctor en Alaska" para con este peliagudo tema?.

 

Valiéndome del argumento esgrimido por Holling y de mis desagradables vivencias en este campo, pretendo dar mi opinión personal a cerca de una de las actividades lúdicas más reprobables. De igual manera, mi intención con estas palabras no se fundamenta en un radical alegato anti-caza, dado que en la mayoría de los caso es la propia legislación vigente la que ampara y protege este tipo de actuaciones más o menos lícitas, sino aportar argumentos provenientes de mi propia experiencia, para así poder apoyar la postura de Holling y justificarla de alguna manera.

 

Aunque bien es sabido que Holling disculpaba su súbita falta de "interés" hacia la caza con una entretenida y en cierta medida romántica historia en la que en un sueño se le aparecían todos los animales que en su día había cazado y que le perseguían y acosaban hasta matarlo, de igual manera que el mismo hizo antes con ellos, es de mi intención desconfiar de tan fantasioso y  apasionado relato y pensar en motivos más corrosivos y oscuros.

 

Al enfrentarme con la historia de Holling, no puedo más que pensar en una solapada crítica hacia el irracional exterminio de todas aquellas especies cinegéticas (es la denominación que se aplica a las especies animales consideradas aptas para la caza) y no tan cinegéticas, producto de los creadores de la serie.

 

De sobra conocemos la marcada tendencia que tiene "Doctor en Alaska" en respaldar cualquier argumento ecologista y que los creadores de la misma apostaron en su día por dotarla de los valores propios de una serie con un especial respeto por el medio ambiente. Si bien, como acertadamente señala nuestro amigo Carlos, el ecologismo que emana de la serie no puede ser tildado de activista o exacerbado, sino más bien se trata de un ecologismo humanista. En mi opinión, este es ecologismo al fin y al cabo y como tal se opone a la caza indiscriminada, que es ni más ni menos sobre lo que se basa la historia de Holling.

 

Yo diría que Mr. Vincoeur sirve de vehículo, a los creadores de la serie, para mostrar a todo el mundo que hasta un rudo trampero canadiense, con más derecho y tradición para el cobro de piezas que la inmensa cantidad de yuppies frivolizantes que se lanzan al campo los fines de semana con el único pretexto de tener algo que contar a sus amigos por la semana, puede reconocer el error de su proceder y transformarse en una persona que ama su entorno y lo respeta, sin tener por ello que considerarse menos hombre que los que esgrimen un rifle y prefieren someter a la Naturaleza bajo la tiranía de las armas de fuego.

 

En resumen y finalizando, se podría decir que dentro de la serie "Doctor en Alaska" tenemos a la voz de Cicely como denuncia y la persona de Holling como ejemplo de viabilidad ecologista. Bajo mi perspectiva  personal, añadiría que entre lo siniestro y lo cómicamente patético de esta actividad campestre yo me quedo con la frase "Que cazen ellos" que bien podría firmar el propio Unamuno.

 


2 - Adiós a la tele.

Curioso el episodio "Goodbye to all that". Hasta en la remota Cicely uno puede caer en las manos del invento del siglo, porque la tele es el invento del siglo, no me cabe duda. Para lo bueno o para lo malo, la tele llegó para quedarse, nos guste o no. Maravilloso y narcótico ingenio, generaciones y generaciones rinde culto a las ondas hertzianas. Tan fácil como sentarse y ver, tan absurdo como siempre oír y callar. Este inofensivo trasto tiene puede resultar la peor de las amenazas. ¿Es Shelly una víctima más del implacable imperio televisivo?.¿Quien tiene el mando sobre el mando?. ¿Cual es el prisma de un Ciceliano ante un mundo que cabe dentro de una caja de plástico?. Empachado de tanta programación y contraprogramación, solo cuento con unas líneas para mostrar mi más sincera repulsa...

"Pasen y vean". Bienvenidos a la cultura del mal gusto. Infestadas ya las pantallas de nuestros televisores por toda una colección de selváticos "freakies", perennes galas que exaltan lo vulgar como único garante de la felicidad y de "cultos" oradores de la más infame y despreciable realidad cotidiana. Nos encontramos indefensos y rodeados por este circo pagano donde lo antes bueno ahora resulta aburrido y lo malo es el paradigma del éxito ante una sociedad que no deja de retroceder para poder avanzar.

Yo me pregunto, ¿es la innegable dualidad del hombre la que nos hace caer, una y otra vez, en tan deprimente espectáculo o es simplemente nuestro primitivo gusto por lo grotesco?. Porque lo grotesco y hortera es lo que sobra hoy en día en las cadenas de televisión. No nos entendamos mal, todos estamos de acuerdo en que si hay algo peor que la burla de la tele, eso es la privación de la libertad del individuo, y de la propia Shelly, para ver lo que quiera. Pero nunca confundamos una crítica constructiva con una censura "caudillista". Porque en estos triste días, la demagogia es el deporte nacional por excelencia. De esta manera, es preciso reconocer y denunciar que, hoy por hoy, la piedra filosofal del "Prime Time" es el vago contemplar de las miserias (distorsionadas en la mayoría de los casos) del mundanal mundo. "Pan y circo" que dirían algunos "aburridos" eruditos de la más clásica de las épocas. Y digo "aburridos" porque matar cristianos a mordisco de león ya no vence ni convence a una población ávida de emociones y austera de sensaciones. ¿Qué puede hacer un obsoleto anfiteatro ante una academia del éxito?. Prácticamente nada. Y me explico, en la drástica arena de Roma tu único destino era una más o menos rápida y una más o menos dolorosa muerte a manos del león o gladiador de turno y ahí acaba todo, mientras que en una "reality show" arena tu vida deja de ser tuya, enfrentándote a las peor de las muertes como pueda ser el escarnio público ante millones de telespectadores. El pueblo ya no quiere ver un simple derramamiento de sangre, el pueblo pide vejaciones, el pueblo pide tu vida las 24 horas 365 días al año, el pueblo quiere estar ahí contigo para lo bueno y, no nos engañemos, sobre todo para lo malo. Porque ver la paja en el ojo ajeno vende, señores, la aberración del sentido del ridículo vende. El "tú antes que yo" vende y también nos vende a nosotros mismo, pobres visionarios.

¿Qué fue primero, una cadena de televisión necesitada de beneficios, aunque sea a costa de los principios éticos de una sociedad o una plebe deseosa y predispuesta al tráfico y saqueo del alma?. Yo opino que ambas cosas van de la mano. Es una cadena del autodeterioro. Llegará un momento en que lo que ahora nos pueda parecer escandaloso se convierta en un mero ejercicio de tedio, y así seguirá dando vueltas hasta que alguien se dé cuenta de que ya basta o de que el "show" ha dejado de ser rentable. De que existe una creciente parte de la población que está dispuesta a ver otra cosa, cansada de que le inventen todos los días el mismo invento del corazón. Serán las mismas personas, que hoy nos engañan con ferias de la intimidad ajena, las que promuevan el "beneficioso" ejercicio de una programación sana, porque como reza el dicho, "no hay nada más antiguo que el periódico de ayer"... No me cabe duda, el caso es convertir en nuevo lo viejo, y en atractivo lo que antes parecía falto de interés. De eso se trata, de tenernos entretenidos.

Como dijo un gran "tertuliano" griego, "Aura Mediocritas". Observa lo que quieras observar pero no caigas en la vana idolatración del títere (fácil decirlo). Compra lo que quieras comprar sin que nadie te imponga lo que debes hacer o no hacer. Todo es malo y es bueno dependiendo de la cantidad de emisiones hertzianas que recibas.

En mi caso personal, procuro siempre poner suficiente mar de por medio entre los cantos de sirenas triunfadoras y mis débiles pabellones auditivos, no vaya a ser que caiga en sus garras y no se vuelva a ser más de mí. Pero, ¿quien sabe?, quizás algún oscuro día decida forrar las pastas de "El tercer hombre" con las pegatinas del Bustamante de moda o del torero mujeriego de más rabiosa actualidad, que la vida da muchas vueltas y hay que ver como marean las condenadas. No se, ya veremos... Porque quien esté libre de pecado que tire el primer descodificador de Canal+. Que hasta el que esto arriba subscribe, en más de una ocasión se ha quedado paralizado ante la pantalla plana de alta resolución y sonido digital, como ciervo deslumbrado por los faros de la desidia, esperando que Jesulín me desvelara los misterios del universo o el sentido de la vida. Arrrggg, fueron solo eternos segundos, quizás minutos, me parecieron horas, de confusión y condescendencia y, al igual que en el caso de Shelly Marie Tambo, caes en la cuenta de que ante el mercado de las cámaras de televisión, a uno no le salen las cuentas.

¿Venderé mi alma al diablo por cable?. Puede ser, ¡si paga bien!. Probablemente ya lo he hecho. Que tampoco hay que considerarse un hereje por no haber leído el último libro de Sánchez Dragó. Que todo cansa...y Shelly no es más víctima que el que vive ajeno al mundo que le rodea.

A la deriva en un mar de canales patéticos y rodeados por los tiburones del chiste fácil, solo tenemos como salvavidas nuestra propia autoestima y sentido común. ¡Que "Doctor en Alaska" se apiade de nosotros!


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